El ser humano tiene necesidad de salirse de su condicion biológica para sentirse algo más. De ahí derivan las religiones, y a la sombra de esas dignas estructuras etéreas se enquistan también gentes miserables con hambre de poder y ganas de sometimiento, pretendidos guardianes de unas esencias rancias. Son los fundamentalistas.
Todas las religiones los tienen y el Islam no es una excepción. Y entre sus filas circulan personajes que quieren someter hasta el aire que respiran sus fieles en nombre de un texto medieval. Y ya puestos, también tienen la tasa de natalidad más alta del planeta, aunque nazcan directamente para pasar necesidades, porque suelen ser países muy pobres. Eso ha llenado sus tierras de mucha gente joven, pero sin futuro y sometidos a unas tradiciones anacrónicas y a unas leyes arbitrarias. Esa fuerza demográfica se ha desplazado a otros paises a través de todos los resquicios laborales. Pero era una bomba de tiempo, y ha explotado.
Toda esa juventud, con pocos estudios, con poco trabajo y mal pagado, sometidos a regímenes feudales, con relaciones de servidumbre y a la vez tecnologías del siglo XX, han ido acumulando presión y contradicciones. Y han estallado. Quieren libertades, democracias, expresión, movimiento... a fin de cuentas, espectativas de vida. Algo que les haga sentir que son un poco dueños de su destino, sin que por ello dejen de rezar cinco veces al día mirando a la Meca.
Los dictadores tiemblan por sus sillones, la camarilla que los apoya se apresura a sacar fortunas fuera de los países, todo el mundo negocia exilios de lujo o permanencia por las armas. Occidente mira con curiosidad y una cierta sonrisa: El Islam que tanto amenazaba con hacerles explotar, está saltando por los aires.
No es un asunto cómico: La mecha está prendiendo en el norte de Africa, que comparte con Europa un mar entero. Ya hay varios miles de tunecinos hacinados en la isla italiana de Lampedusa, en un sálvese el que pueda como hemos visto tantas veces en las pateras del Estrecho. Detrás hay miedo, mucho miedo.
Una de las fuentes de poder es la información. Y por tanto, la desinformación o los datos sesgados son otra herramienta de sometimiento, que también pasa por la censura. Pese a todo, Internet ha sido el vehículo de comunicación para orquestar esas sospechosas revueltas en cascada; un hecho que algún dia habrá que analizar, porque probablemente tendrá nombres y apellidos.
Cuando estalla la situación, los que se mueven a golpe de desesperación también lo hacen con el miedo en el alma y en los ojos: ¿Cual será la situación real, cual será el mundo real más allá de lo que les han vendido? Y si resulta que es peor de lo que les decían? Y si es mejor pero no los dejan entrar? Con todo eso a cuestas, cualquier incidente acaba siendo una batalla sangrienta.
Y lo que también juega en todas las partidas: dinero. Dependencia de fuentes de energía (petróleo y gas), inversiones oscuras... y paraísos fiscales, impunidad en el tráfico de drogas y de personas, mercado de armas... No es que no se den esas flores en los países occidentales, es que en toda esa franja feudal es más rentable, más cómodo y más voluminoso. Y los listos de todos los lados: fabricantes de petróleo de otras latitudes que reciben ahora más pedidos, pero aprovechan la situación y suben los precios...
La famosa tercera guerra mundial probablemente hace tiempo que ha empezado: conflictos por las más diversas causas trufan el planeta, sirviendo de negocio a los que venden armas y los que venden protección contra esas armas, los que azuzan una religión contra otra, los que venden sueños de futuro a la juventud y sueños de pasado a los que ostentan el poder.
La incógnita está en Occidente. ¿Qué harán los millones de islámicos que viven por aquí? Y los inmigrantes de esos países que no son islámicos pero también quieren cambios y ven los altercados desde este lado? Y los imanes radicales e intransigentes afincados aquí y que quieren ser punta de lanza de una nueva situación mundial? Y EEUU (con su 11-S) y Rusia con sus chechenos? Y China, a quien no le preocupan las religiones pero tiene muchísimos negocios en toda Africa?...
Nosotros, los pobres de todos los bandos, sólo podemos mirar atentamente con la mente ágil y la maleta casi hecha...
Dèria
todo lo que pasa, nos pasa.
miércoles, 23 de febrero de 2011
sábado, 22 de enero de 2011
Un médico frente a un controlador aéreo
Después de haber escrito la nota anterior sobre los controladores he recibido esta carta, fechada cuando aún estaba caliente la huelga y firmada por un médico de Santa Cruz de Tenerife. Deberían tenerla los controladores en la cabecera de su cama:
JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ-POSADA - Médico. Santa Cruz de Tenerife - 07/12/2010
Soy licenciado en Medicina y Cirugía tras seis años de estudios, especialista en Medicina Interna y en Nefrología tras otros ocho años y doctor en Medicina. Trabajo en un hospital público desde hace 25 años con enfermos trasplantados o con insuficiencia renal. He visto morir a pacientes bajo mi responsabilidad de todas las edades. Soy delegado sindical y sé lo que es tratar con la Administración. He visto en televisión cómo un representante de los controladores aéreos, hablaba de presión y estrés, llevándoles al límite: "Abandonar el puesto de trabajo alegando problemas de salud".
Espero que ninguno de los controladores o sus familiares acuda a un hospital y le digan que no le pueden atender porque casi todos los profesionales sanitarios están "enfermos". Podrán alegar que mi responsabilidad es distinta, y yo les diré por qué mi sueldo es muy inferior al suyo trabajando más de 2.100 horas al año. Por la crisis nos han bajado el sueldo y otras mejoras laborales, pero nunca, nunca, he pensado en abandonar mis obligaciones con los pacientes.
Les reto a que acudan a un hospital o al Centro de Salud y vean trabajar a médicos y enfermeros con pacientes graves. Que acudan a cualquier quirófano donde se está realizando un trasplante, o extrayendo un riñón a un donante sano que se lo dona a un familiar, y así un largo etcétera, para que vean lo que es el estrés. No hay nada más estresante que ver morir un paciente a pesar de los esfuerzos realizados o al niño que llora en manos del pediatra, y las veces que me acuerdo de mis pacientes y no duermo pensando si he hecho todo lo que debía...
Lo que han hecho tiene un nombre: falta de ética y profesionalidad.
Todo lo demás es demagogia.
Creo que no se puede decir más claro. La ética, el compromiso y el sentido del propio lugar en el mundo deberían formar parte de la educación de todos, y más cuanto más alto sea el sillón.
JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ-POSADA - Médico. Santa Cruz de Tenerife - 07/12/2010
Soy licenciado en Medicina y Cirugía tras seis años de estudios, especialista en Medicina Interna y en Nefrología tras otros ocho años y doctor en Medicina. Trabajo en un hospital público desde hace 25 años con enfermos trasplantados o con insuficiencia renal. He visto morir a pacientes bajo mi responsabilidad de todas las edades. Soy delegado sindical y sé lo que es tratar con la Administración. He visto en televisión cómo un representante de los controladores aéreos, hablaba de presión y estrés, llevándoles al límite: "Abandonar el puesto de trabajo alegando problemas de salud".
Espero que ninguno de los controladores o sus familiares acuda a un hospital y le digan que no le pueden atender porque casi todos los profesionales sanitarios están "enfermos". Podrán alegar que mi responsabilidad es distinta, y yo les diré por qué mi sueldo es muy inferior al suyo trabajando más de 2.100 horas al año. Por la crisis nos han bajado el sueldo y otras mejoras laborales, pero nunca, nunca, he pensado en abandonar mis obligaciones con los pacientes.
Les reto a que acudan a un hospital o al Centro de Salud y vean trabajar a médicos y enfermeros con pacientes graves. Que acudan a cualquier quirófano donde se está realizando un trasplante, o extrayendo un riñón a un donante sano que se lo dona a un familiar, y así un largo etcétera, para que vean lo que es el estrés. No hay nada más estresante que ver morir un paciente a pesar de los esfuerzos realizados o al niño que llora en manos del pediatra, y las veces que me acuerdo de mis pacientes y no duermo pensando si he hecho todo lo que debía...
Lo que han hecho tiene un nombre: falta de ética y profesionalidad.
Todo lo demás es demagogia.
Creo que no se puede decir más claro. La ética, el compromiso y el sentido del propio lugar en el mundo deberían formar parte de la educación de todos, y más cuanto más alto sea el sillón.
domingo, 16 de enero de 2011
Pijo-Controladores y AENA-especuladores
Cuando todo el mundo tenía los billetes a punto para celebrar el último gran puente laboral del año 2010, 400 controladores se ponen enfermos el mismo día y colapsan el tráfico aéreo de este país, y por un efecto dominó, de toda Europa. Lo que pasó después lo recordamos todos, con algunos matices y ángulos de opinión diferentes. Hay algunas cuestiones que dejan pensar que el tema es mucho más profundo, y que lo que se le oculta a la opinión pública es muchísimo más de lo que se le ha comunicado.
De entrada, conseguir que 400 controladores de toda España cojan la baja el mismo día, es una labor de zapa que no se hace en un día. Alguien hay detrás de ese trabajo, que ha guiado semejante desaguisado. Y creo que muchos controladores no eran conscientes realmente de la que estaban haciendo, creo que ingenuamente creían que el Estado y Aena se sentarían a negociar a la hora siguiente. Alguien les vendió un cuento de colores, y ese nombre no ha salido.
Que 400 controladores consigan la baja a la vez implica que algunos médicos tienen el boli suelto, o que alguien vendió una caja entera de talonarios de baja y se rellenaron todos el mismo día con la firma de algún médico amigo. Porque aunque todos presentaran síntomas, no es creíble que un amplio abanico de médicos “picaran” a la vez. Y todo el montaje dependía de que fueran todas las bajas el mismo día y todas médicas, para que no se les pudiera obligar a volver al trabajo bajo la presión de sanción alguna.
Cuando todo esto estaba a punto de empezar, el presidente del país tenía que acudir a una reunión en Iberoamérica; pero aludió “presencia imprescindible en el Parlamento” y en su lugar acudió el Rey. A la luz de las cosas que pasaron después, parece que el ejecutivo ya sabía la que venía, de la misma manera que se tenía preparado “por si acaso” el decreto de estado de alerta y a cientos de controladores militares con el neceser a punto.
Que el ejecutivo tuviera noticia de estas cosas y se preparase no me parece mal, es un ejercicio de control sobre un colectivo sobreprivilegiado que lleva mucho tiempo incordiando y que no es de fiar. Que el monarca también lo sabía y tenía el boli a punto cuando le llegó el decreto para que lo firmase, tampoco es un desatino, es agilidad política. Que los controladores se hicieran los víctimas, desacreditaran a los militares o mostraran cuadros de ansiedad porque les incomodaba la presencia de soldados en las torres me parece una muestra brutal de inmadurez emocional, y de falta total de coherencia en los actos. O de teatralidad consumada. Si han provocado esta situación, que asuman las consecuencias.
César, el único portavoz de todos, ha pedido disculpas varias veces y ha asegurado que esto no volverá a suceder. Y a renglón seguido deja el tema por olvidado y sigue con el discurso victimista y echándole las culpas sucesivamente al gobierno y a Aena porque les hace trabajar muchas horas. Pero no disculpa la chulería que tuvieron sus compañeros marchándose de las torres porque no querían estar controlados por militares (de ahí la acusación de sedición, que está penada con años de cárcel). Tampoco disculpa que sean el colectivo que más cobra de los controladores europeos y el que tiene la productividad más baja. No quieren hacer más horas extras, dicen que se pasan la vida trabajando y que es mucho estrés, que no ven a las familias (¡¡bienvenidos al mundo laboral normal!!) pero tampoco cumplen como para que no sea necesario hacerlas. Y Aena dice que con lo que cobran y lo poco que trabajan, sólo faltaría poner más nóminas.
Probablemente todos tienen una parte de razón, y todos aluden al daño hecho a los usuarios, pero es más un argumento literario que sentido. Porque la maldad, el dominó de aquellas 400 bajas, fueron vacaciones perdidas (que era lo más televisivo) pero también fueron trasplantes aplazados, trabajos perdidos por no presentarse, enlaces con otros vuelos perdidos, gente tirada en cualquier aeropuerto del mundo durmiendo en el suelo o sin lo mínimo, el espacio aéreo europeo y el americano (somos puente, estamos en medio) gravemente afectados… y la credibilidad de este país, en un momento grave de crisis económica y de movimientos financieros muy por encima de nuestras cabezas, bajo mínimos. Si no fuera porque fue real, parece un argumento de chirigota de carnaval. Y los controladores siguen diciendo que la culpa fue del lobo feroz.
Corren documentos por Internet de su comité de empresa que aseguran que detrás de todo esto hay una maniobra de Aena, que está endeudada hasta las cejas por obras de infraestructura y que sus deudores en cualquier momento pueden ejercer embargo sobre la red de aeropuertos españoles. Y eso se da porque la banca española vendió la deuda de Aena a la banca extrajera (una especulación habitual en el mundo de los tiburones Banca). Y naturalmente, ante un negocio así ya están a punto los especuladores norteamericanos y británicos. Y por supuesto, las firmas de consultores, asesores, analistas y cuanto buitre pueda dar el dinero ajeno, el que ponemos los contribuyentes, que también se va en pagar a los pijo-controladores. Ellos aseguran que ofrecieron rebajarse el sueldo un 25% (difícilmente creíble) y el gobierno asegura que la propuesta fue suya. Si nadie se ha quejado de semejante tajada a la nómina es porque de todas maneras, queda dinero de sobra cada mes.
Además de todo esto, si la credibilidad financiera de este país se hunde, los inversores se irán a otras tierras, y los titulares de esas otras tierras no dejan de vociferar interesadamente para que nadie crea que como país sobreviviremos a ésto.
Cuándo y cómo empezó todo este dominó? Pues con inversiones faraónicas y políticamente interesadas del gobierno aznarito (en la persona de Álvarez Cascos). Y los que siguieron no les hicieron ascos porque también se beneficiaban. Menos los ciudadanos, se beneficia todo el mundo. Además colean las titularidades de aeropuertos (con sus gastos y sus beneficios), los contratos de gestión, la privatización del servicio de controladores para que sean empresas que contraten y despidan según necesidades (los controladores son trabajadores del Estado, aunque no sean funcionarios)…
Ahora empieza el sainete de los juicios pendientes. Que si rechazan el tribunal porque como los militarizaron, quieren un tribunal militar. Que cuando ven las condenas que se les pueden echar, recuerdan que la ausencia fue antes de ser militarizados y aceptan tribunales civiles. Que el estado de alerta todavía está vigente y se les puede enviar a prisión, hay que perder el tiempo en aplazamientos tontos. Que no, que ya ha acabado y ahora ya están tranquilos para negociar… Se les olvida que es más fácil conservar la dignidad que recuperarla.
¿Se imaginan a qué precio podrían salir los vuelos si todo esto se limpiara de una vez y se llevara de una forma racional?
De entrada, conseguir que 400 controladores de toda España cojan la baja el mismo día, es una labor de zapa que no se hace en un día. Alguien hay detrás de ese trabajo, que ha guiado semejante desaguisado. Y creo que muchos controladores no eran conscientes realmente de la que estaban haciendo, creo que ingenuamente creían que el Estado y Aena se sentarían a negociar a la hora siguiente. Alguien les vendió un cuento de colores, y ese nombre no ha salido.
Que 400 controladores consigan la baja a la vez implica que algunos médicos tienen el boli suelto, o que alguien vendió una caja entera de talonarios de baja y se rellenaron todos el mismo día con la firma de algún médico amigo. Porque aunque todos presentaran síntomas, no es creíble que un amplio abanico de médicos “picaran” a la vez. Y todo el montaje dependía de que fueran todas las bajas el mismo día y todas médicas, para que no se les pudiera obligar a volver al trabajo bajo la presión de sanción alguna.
Cuando todo esto estaba a punto de empezar, el presidente del país tenía que acudir a una reunión en Iberoamérica; pero aludió “presencia imprescindible en el Parlamento” y en su lugar acudió el Rey. A la luz de las cosas que pasaron después, parece que el ejecutivo ya sabía la que venía, de la misma manera que se tenía preparado “por si acaso” el decreto de estado de alerta y a cientos de controladores militares con el neceser a punto.
Que el ejecutivo tuviera noticia de estas cosas y se preparase no me parece mal, es un ejercicio de control sobre un colectivo sobreprivilegiado que lleva mucho tiempo incordiando y que no es de fiar. Que el monarca también lo sabía y tenía el boli a punto cuando le llegó el decreto para que lo firmase, tampoco es un desatino, es agilidad política. Que los controladores se hicieran los víctimas, desacreditaran a los militares o mostraran cuadros de ansiedad porque les incomodaba la presencia de soldados en las torres me parece una muestra brutal de inmadurez emocional, y de falta total de coherencia en los actos. O de teatralidad consumada. Si han provocado esta situación, que asuman las consecuencias.
César, el único portavoz de todos, ha pedido disculpas varias veces y ha asegurado que esto no volverá a suceder. Y a renglón seguido deja el tema por olvidado y sigue con el discurso victimista y echándole las culpas sucesivamente al gobierno y a Aena porque les hace trabajar muchas horas. Pero no disculpa la chulería que tuvieron sus compañeros marchándose de las torres porque no querían estar controlados por militares (de ahí la acusación de sedición, que está penada con años de cárcel). Tampoco disculpa que sean el colectivo que más cobra de los controladores europeos y el que tiene la productividad más baja. No quieren hacer más horas extras, dicen que se pasan la vida trabajando y que es mucho estrés, que no ven a las familias (¡¡bienvenidos al mundo laboral normal!!) pero tampoco cumplen como para que no sea necesario hacerlas. Y Aena dice que con lo que cobran y lo poco que trabajan, sólo faltaría poner más nóminas.
Probablemente todos tienen una parte de razón, y todos aluden al daño hecho a los usuarios, pero es más un argumento literario que sentido. Porque la maldad, el dominó de aquellas 400 bajas, fueron vacaciones perdidas (que era lo más televisivo) pero también fueron trasplantes aplazados, trabajos perdidos por no presentarse, enlaces con otros vuelos perdidos, gente tirada en cualquier aeropuerto del mundo durmiendo en el suelo o sin lo mínimo, el espacio aéreo europeo y el americano (somos puente, estamos en medio) gravemente afectados… y la credibilidad de este país, en un momento grave de crisis económica y de movimientos financieros muy por encima de nuestras cabezas, bajo mínimos. Si no fuera porque fue real, parece un argumento de chirigota de carnaval. Y los controladores siguen diciendo que la culpa fue del lobo feroz.
Corren documentos por Internet de su comité de empresa que aseguran que detrás de todo esto hay una maniobra de Aena, que está endeudada hasta las cejas por obras de infraestructura y que sus deudores en cualquier momento pueden ejercer embargo sobre la red de aeropuertos españoles. Y eso se da porque la banca española vendió la deuda de Aena a la banca extrajera (una especulación habitual en el mundo de los tiburones Banca). Y naturalmente, ante un negocio así ya están a punto los especuladores norteamericanos y británicos. Y por supuesto, las firmas de consultores, asesores, analistas y cuanto buitre pueda dar el dinero ajeno, el que ponemos los contribuyentes, que también se va en pagar a los pijo-controladores. Ellos aseguran que ofrecieron rebajarse el sueldo un 25% (difícilmente creíble) y el gobierno asegura que la propuesta fue suya. Si nadie se ha quejado de semejante tajada a la nómina es porque de todas maneras, queda dinero de sobra cada mes.
Además de todo esto, si la credibilidad financiera de este país se hunde, los inversores se irán a otras tierras, y los titulares de esas otras tierras no dejan de vociferar interesadamente para que nadie crea que como país sobreviviremos a ésto.
Cuándo y cómo empezó todo este dominó? Pues con inversiones faraónicas y políticamente interesadas del gobierno aznarito (en la persona de Álvarez Cascos). Y los que siguieron no les hicieron ascos porque también se beneficiaban. Menos los ciudadanos, se beneficia todo el mundo. Además colean las titularidades de aeropuertos (con sus gastos y sus beneficios), los contratos de gestión, la privatización del servicio de controladores para que sean empresas que contraten y despidan según necesidades (los controladores son trabajadores del Estado, aunque no sean funcionarios)…
Ahora empieza el sainete de los juicios pendientes. Que si rechazan el tribunal porque como los militarizaron, quieren un tribunal militar. Que cuando ven las condenas que se les pueden echar, recuerdan que la ausencia fue antes de ser militarizados y aceptan tribunales civiles. Que el estado de alerta todavía está vigente y se les puede enviar a prisión, hay que perder el tiempo en aplazamientos tontos. Que no, que ya ha acabado y ahora ya están tranquilos para negociar… Se les olvida que es más fácil conservar la dignidad que recuperarla.
¿Se imaginan a qué precio podrían salir los vuelos si todo esto se limpiara de una vez y se llevara de una forma racional?
lunes, 2 de agosto de 2010
El Toro Diferencial
Dicen los taurinos que hay que respetar las tradiciones. Dicen los antitaurinos que el maltrato animal no tiene excusa. Dicen los taurinos que todo es una rabia anti-español. Dicen los antitaurinos que es mucho más sano que eso, que es anti-tortura. Y detrás, medio mundo mirando.
Las tradiciones forman parte de la historia de la Humanidad, y como tales deben ser tenidas en cuenta. Pero igual que ya no se sacrifican niños para propiciar buenas cosechas ni se queman vivas a las mujeres que curan enfermos, tampoco se deben torturar a los animales en nombre de unas tradiciones que tienen más de exhibición de testosterona que de cultura ancestral.
Entran en el mismo apartado las corridas de toros, los toros embolados, las cabras lanzadas desde un campanario, los patos lanzados a la playa, los toros acribillados a cerbatana, etc.etc. Se libra el encierro de los sanfermines, pero no olvidemos que los encierran para torearlos hasta la muerte. El mundo mira este debate con curiosidad, porque es un rito que jamás se consentiría en sus países y consideran un anacronismo curioso que aquí se mantenga y hasta se defienda con tanto ahínco. Los turistas llenan las plazas porque es la única forma de ver en vivo una tortura legal, porque forma parte del “spain is different” y para presumir después en casa de haber hecho algo por lo que allí irían a la cárcel.
La gente de la calle quiere algo con lo que divertirse, y esa chulería machota que exhiben los toreros les impresiona más que la sangre del toro o la crueldad de todo el ceremonial. Y se ponen en lucha contra los que les quieren quitar la fiesta, y como en la guerra todo vale, se gritan consignas de "¡antiespañol!". Una tontería más, porque si se levantaron en su día La Monumental y Las Arenas es porque tenían público, y si han salido aquí grandes nombres del toreo es porque esta tradición no es española, sino mediterránea. Afortunadamente, los demás países de la cuenca lo tienen bastante superado.
Como en todo, también hay una filosofía vital, un concepto de cómo se vive. Hay una gente que suele tener una vida bastante estable, con pocas sorpresas, con pocos cambios, con pocos visitantes y los amigos de siempre. Gente que disfrutan con las cosas como han sido siempre y cualquier alteración les supone un trauma. Hay otra gente que gusta de los cambios, las novedades, los visitantes, los avances, el movimiento. Y que se sienten vivos en ese trasiego. Cualquier inmovilismo les resulta un lastre asfixiante. De los dos grupos hay en todas las tierras, aunque no en la misma proporción. Y compatibilizar ambas posturas es una tarea de políticos finos, de hombres de estado, de esos que no tenemos.
Pero en esta baraja hay más cartas: Los criadores de toros existen porque hay corridas, y eso es mucho dinero invertido y muchos sueldos. Los ayuntamientos cobran sus impuestos para permitir que se monten las plazas temporales de los festejos, y todos los pueblos se benefician de visitantes que dejan dinero en todas las tiendas. El que lo dijo más claramente fue el presidente de Extremadura, tierra de dehesas: los toros son una fiesta de Interés Económico Vital. Y luego está lo que cobra un torero, su apoderado, el organizador, etc. por una corrida. Y se multiplica cuando es en la Monumental barcelonesa.
Detrás también hay, por supuesto, el punto geográfico en el que se ha instalado la confrontación. Canarias los prohibió hace veinte años y nadie se inmutó. A Catalunya la han tildado incluso de “liberticida” porque su Parlamento ha promulgado una ley debatida desde hace meses (mucho antes de la sentencia del Constitucional) con testimonios de todos los ángulos y apoyada por la mayoría. Naturalmente semejante adjetivo salió del partido político que promulgó el boicot al cava catalán, a los productos catalanes, al idioma catalán, al Estatut Catalán y ahora a la ley anti-tortura catalana.
Y porqué tanto rencor sobre el mismo rincón de la península? Pues por lo mismo: dinero. Catalunya es contribuyente neto a las arcas estatales, desde las que se redistribuye incesantemente hacia las tierras que más la insultan, tal como quedó demostrado en las Balanzas Fiscales que tanto costó que se publicaran y que tan interesadamente se han arrinconado.
Catalunya es una zona económicamente activa, donde el tejido empresarial es dinámico y razonablemente emprendedor, tierra a donde han llegado millones de personas saliendo de sus miserias y donde han conseguido trabajando una vida más que digna. Y Catalunya se siente catalana. Pero la parte rígida de la península (curiosamente, de donde han venido tantos) ve un riesgo en cada movimiento, una posibilidad de ruptura, o lo que es lo mismo, de penuria económica. Por eso cualquier gesto en esta tierra es amputado inmediatamente.
El toro en Catalunya es un bovino como en cualquier otro sitio. Pero la forma de afrontar las corridas es otra: es una forma de querer esta tierra saneada, sin torturas en nombre de tradiciones trasnochadas. Es un toro diferencial: prefiere su calendario sin sangre, aunque le cueste dinero.
Las tradiciones forman parte de la historia de la Humanidad, y como tales deben ser tenidas en cuenta. Pero igual que ya no se sacrifican niños para propiciar buenas cosechas ni se queman vivas a las mujeres que curan enfermos, tampoco se deben torturar a los animales en nombre de unas tradiciones que tienen más de exhibición de testosterona que de cultura ancestral.
Entran en el mismo apartado las corridas de toros, los toros embolados, las cabras lanzadas desde un campanario, los patos lanzados a la playa, los toros acribillados a cerbatana, etc.etc. Se libra el encierro de los sanfermines, pero no olvidemos que los encierran para torearlos hasta la muerte. El mundo mira este debate con curiosidad, porque es un rito que jamás se consentiría en sus países y consideran un anacronismo curioso que aquí se mantenga y hasta se defienda con tanto ahínco. Los turistas llenan las plazas porque es la única forma de ver en vivo una tortura legal, porque forma parte del “spain is different” y para presumir después en casa de haber hecho algo por lo que allí irían a la cárcel.
La gente de la calle quiere algo con lo que divertirse, y esa chulería machota que exhiben los toreros les impresiona más que la sangre del toro o la crueldad de todo el ceremonial. Y se ponen en lucha contra los que les quieren quitar la fiesta, y como en la guerra todo vale, se gritan consignas de "¡antiespañol!". Una tontería más, porque si se levantaron en su día La Monumental y Las Arenas es porque tenían público, y si han salido aquí grandes nombres del toreo es porque esta tradición no es española, sino mediterránea. Afortunadamente, los demás países de la cuenca lo tienen bastante superado.
Como en todo, también hay una filosofía vital, un concepto de cómo se vive. Hay una gente que suele tener una vida bastante estable, con pocas sorpresas, con pocos cambios, con pocos visitantes y los amigos de siempre. Gente que disfrutan con las cosas como han sido siempre y cualquier alteración les supone un trauma. Hay otra gente que gusta de los cambios, las novedades, los visitantes, los avances, el movimiento. Y que se sienten vivos en ese trasiego. Cualquier inmovilismo les resulta un lastre asfixiante. De los dos grupos hay en todas las tierras, aunque no en la misma proporción. Y compatibilizar ambas posturas es una tarea de políticos finos, de hombres de estado, de esos que no tenemos.
Pero en esta baraja hay más cartas: Los criadores de toros existen porque hay corridas, y eso es mucho dinero invertido y muchos sueldos. Los ayuntamientos cobran sus impuestos para permitir que se monten las plazas temporales de los festejos, y todos los pueblos se benefician de visitantes que dejan dinero en todas las tiendas. El que lo dijo más claramente fue el presidente de Extremadura, tierra de dehesas: los toros son una fiesta de Interés Económico Vital. Y luego está lo que cobra un torero, su apoderado, el organizador, etc. por una corrida. Y se multiplica cuando es en la Monumental barcelonesa.
Detrás también hay, por supuesto, el punto geográfico en el que se ha instalado la confrontación. Canarias los prohibió hace veinte años y nadie se inmutó. A Catalunya la han tildado incluso de “liberticida” porque su Parlamento ha promulgado una ley debatida desde hace meses (mucho antes de la sentencia del Constitucional) con testimonios de todos los ángulos y apoyada por la mayoría. Naturalmente semejante adjetivo salió del partido político que promulgó el boicot al cava catalán, a los productos catalanes, al idioma catalán, al Estatut Catalán y ahora a la ley anti-tortura catalana.
Y porqué tanto rencor sobre el mismo rincón de la península? Pues por lo mismo: dinero. Catalunya es contribuyente neto a las arcas estatales, desde las que se redistribuye incesantemente hacia las tierras que más la insultan, tal como quedó demostrado en las Balanzas Fiscales que tanto costó que se publicaran y que tan interesadamente se han arrinconado.
Catalunya es una zona económicamente activa, donde el tejido empresarial es dinámico y razonablemente emprendedor, tierra a donde han llegado millones de personas saliendo de sus miserias y donde han conseguido trabajando una vida más que digna. Y Catalunya se siente catalana. Pero la parte rígida de la península (curiosamente, de donde han venido tantos) ve un riesgo en cada movimiento, una posibilidad de ruptura, o lo que es lo mismo, de penuria económica. Por eso cualquier gesto en esta tierra es amputado inmediatamente.
El toro en Catalunya es un bovino como en cualquier otro sitio. Pero la forma de afrontar las corridas es otra: es una forma de querer esta tierra saneada, sin torturas en nombre de tradiciones trasnochadas. Es un toro diferencial: prefiere su calendario sin sangre, aunque le cueste dinero.
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lunes, 3 de mayo de 2010
Comunidad Autónoma de Cuba
Corre por ahí un video (http://www.youtube.com/watch?v=aVktt1mzgy4), firmado por CubEspCCAA, muy bien montado y con una banda sonora muy pegadiza, que desplega una propuesta curiosa: la Reincorporación de Cuba en España como Comunidad Autónoma. La idea, que ya tiene seguidores, merece algunos comentarios:
*Cuba es un país independiente. No es una provincia, no es un lugar tutelado, no es una colonia. Tiene un pasado muy vinculado a España como lo tiene toda Iberoamérica y parte del Pacífico. Su historia, como la de todos los países del mundo, tiene sangre, invasiones, riquezas, expolios y matanzas de todos contra todos. Al día de hoy, pretender que sea una autonomía de España sería como volver a ponerla bajo la tutela del Estado español, aunque fuera de una manera más elegante. Porque no hay que olvidar que España tiene 17 autonomías que no son independientes. No es un estado federal, es un estado que permite un vuelo de corta autonomía a algunas naciones que antes fueron águilas de grandes vuelos independientes. Un estado que aprovecha lo que producen unos para mantener a los que bien poco producen.
*El video recuerda que Cuba fue la primera autonomía de España cuando España no tenía ninguna. Pero en aquel momento la isla no era un país, sino una colonia. Fue una forma de gestionar las cuestiones de un territorio que estaba a 13.000 kilómetros, que no son pocos, y fue una concesión por el malestar de los terratenientes locales que tenían que pedir autorización a Madrid para todo lo que quisieran hacer, además de pagar impuestos de los que se beneficiaba la metrópoli. Mantener vínculos tan estrechos como los de una autonomía con un océano en medio es, además de prácticamente inviable, absolutamente ruinoso.
*Cuba es un país caribeño, de clima tropical, con una cultura propia resultado de una mezcla entre lo que llevaron los europeos (no sólo españoles) y lo profundamente africano que llevaron los millones de negros desembarcados durante décadas. Eso le da una idiosincrasia muy peculiar, que poco tiene que ver (al margen del idioma) ni con España ni con Europa, y vincularla a este continente provocaría más choques que otra cosa.
*En el video se leen mensajes de algunos nostálgicos que echan de menos cuando Cuba era parte de España. No nos olvidemos que era una colonia, los que la echan de menos recuerdan el imperio, y suelen decir aquello de “una, grande y libre”. También se ven imágenes de gente manifestándose en Madrid para pedir la libertad en Cuba, y los guionistas lo achacan a un sentimiento hispano-cubano. Simplemente demuestran un sentimiento de solidaridad con todo pueblo asfixiado, como lo han hecho también con el Tíbet.
*La propuesta de la autonomía hace hincapié en que tendrían pasaporte comunitario y pasarían a moverse libremente por este continente. Para establecer una relación entre dos países independientes, cada uno ha de aportar algo. En la propuesta de la autonomía, Cuba únicamente recibe, no aporta nada más que colorido. Por tanto, es un escapismo disfrazado de propuesta seria: lo que hay detrás es un deseo febril de huir de su situación vital y hasta de su situación planetaria, intentando acercarse a un continente con el que sólo tiene en común un capítulo de su historia, y del que le separa, como pronto, un océano entero.
*Cuba no debe perder jamás su independencia, aunque le esperen tiempos muy revueltos cuando los dos ancianitos dejen el poder. Debe tener relaciones fluidas y normales con todos los países del mundo, incluido aquel que usa de excusa para asfixiar a su propia gente. Recordemos que UN país bloqueó el comercio contra Cuba, pero la isla siempre ha podido hacer comercio con los 300 países restantes del mundo, así que lo del bloqueo queda relativo.
*Si tuviese que vincularse a otro país, sería más lógico que fuera EEUU, donde hay una numerosa colonia estable y floreciente de cubanos. Naturalmente no se dará ese vínculo como no debe darse ningún otro, porque entre países independientes caben los pactos y las negociaciones, no las adhesiones.
*En resumidas cuentas, Cuba no es ni debe ser una autonomía española. Cuba es un país independiente y llegará un día en que será además, un país con once millones de votantes que puedan elegir su destino y sus representantes. Un país que cuenta y contará con un trato privilegiado en España, que cuenta y contará con la simpatía de los españoles y con todas las relaciones bilaterales que se establezcan de mutuo acuerdo. Un país que se desarrolle y se enriquezca en el marco de un mercado plurinacional.
Nada más. Y nada menos.
*Cuba es un país independiente. No es una provincia, no es un lugar tutelado, no es una colonia. Tiene un pasado muy vinculado a España como lo tiene toda Iberoamérica y parte del Pacífico. Su historia, como la de todos los países del mundo, tiene sangre, invasiones, riquezas, expolios y matanzas de todos contra todos. Al día de hoy, pretender que sea una autonomía de España sería como volver a ponerla bajo la tutela del Estado español, aunque fuera de una manera más elegante. Porque no hay que olvidar que España tiene 17 autonomías que no son independientes. No es un estado federal, es un estado que permite un vuelo de corta autonomía a algunas naciones que antes fueron águilas de grandes vuelos independientes. Un estado que aprovecha lo que producen unos para mantener a los que bien poco producen.
*El video recuerda que Cuba fue la primera autonomía de España cuando España no tenía ninguna. Pero en aquel momento la isla no era un país, sino una colonia. Fue una forma de gestionar las cuestiones de un territorio que estaba a 13.000 kilómetros, que no son pocos, y fue una concesión por el malestar de los terratenientes locales que tenían que pedir autorización a Madrid para todo lo que quisieran hacer, además de pagar impuestos de los que se beneficiaba la metrópoli. Mantener vínculos tan estrechos como los de una autonomía con un océano en medio es, además de prácticamente inviable, absolutamente ruinoso.
*Cuba es un país caribeño, de clima tropical, con una cultura propia resultado de una mezcla entre lo que llevaron los europeos (no sólo españoles) y lo profundamente africano que llevaron los millones de negros desembarcados durante décadas. Eso le da una idiosincrasia muy peculiar, que poco tiene que ver (al margen del idioma) ni con España ni con Europa, y vincularla a este continente provocaría más choques que otra cosa.
*En el video se leen mensajes de algunos nostálgicos que echan de menos cuando Cuba era parte de España. No nos olvidemos que era una colonia, los que la echan de menos recuerdan el imperio, y suelen decir aquello de “una, grande y libre”. También se ven imágenes de gente manifestándose en Madrid para pedir la libertad en Cuba, y los guionistas lo achacan a un sentimiento hispano-cubano. Simplemente demuestran un sentimiento de solidaridad con todo pueblo asfixiado, como lo han hecho también con el Tíbet.
*La propuesta de la autonomía hace hincapié en que tendrían pasaporte comunitario y pasarían a moverse libremente por este continente. Para establecer una relación entre dos países independientes, cada uno ha de aportar algo. En la propuesta de la autonomía, Cuba únicamente recibe, no aporta nada más que colorido. Por tanto, es un escapismo disfrazado de propuesta seria: lo que hay detrás es un deseo febril de huir de su situación vital y hasta de su situación planetaria, intentando acercarse a un continente con el que sólo tiene en común un capítulo de su historia, y del que le separa, como pronto, un océano entero.
*Cuba no debe perder jamás su independencia, aunque le esperen tiempos muy revueltos cuando los dos ancianitos dejen el poder. Debe tener relaciones fluidas y normales con todos los países del mundo, incluido aquel que usa de excusa para asfixiar a su propia gente. Recordemos que UN país bloqueó el comercio contra Cuba, pero la isla siempre ha podido hacer comercio con los 300 países restantes del mundo, así que lo del bloqueo queda relativo.
*Si tuviese que vincularse a otro país, sería más lógico que fuera EEUU, donde hay una numerosa colonia estable y floreciente de cubanos. Naturalmente no se dará ese vínculo como no debe darse ningún otro, porque entre países independientes caben los pactos y las negociaciones, no las adhesiones.
*En resumidas cuentas, Cuba no es ni debe ser una autonomía española. Cuba es un país independiente y llegará un día en que será además, un país con once millones de votantes que puedan elegir su destino y sus representantes. Un país que cuenta y contará con un trato privilegiado en España, que cuenta y contará con la simpatía de los españoles y con todas las relaciones bilaterales que se establezcan de mutuo acuerdo. Un país que se desarrolle y se enriquezca en el marco de un mercado plurinacional.
Nada más. Y nada menos.
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miércoles, 7 de abril de 2010
En el reino de los Castro
Había una vez una isla en la que reinaban dos hermanos ancianitos. Ellos tenían el corazón en la sierra, con las batallitas que ganaron medio siglo atrás, y seguían diciéndole a todo el mundo que preferían la muerte antes que nada. Llegaron a tener diez millones de súbditos, de los que la mitad había nacido después de las batallitas. Estos jóvenes no querían viejas ni nuevas guerras y tenían hambre de mundo. Pero los ancianitos estaban convencidos de que muchas naciones del mundo se habían confabulado contra ellos y prohibieron a la gente salir de la isla, no vaya a ser que no volvieran.
Los ancianitos, sin corazón porque estaba en la sierra, no querían oír nada que hubiera sucedido en el mundo después de sus batallitas. Quizás fueron buenos en la guerra, pero eran pésimos en la paz. Algunos habitantes habían conseguido salir del reino jugándose la vida y con mil estratagemas. Mantenían cariño por los que se habían quedado y les enviaban divisas desde fuera, porque el mundo seguía evolucionando, hecho que no llegaba a la isla de los Castro. Y los hermanos aceptaban las divisas quedándose un 20% y maldecían las manos que les daban de comer a su gente.
Naturalmente los ancianitos tenían una corte, que con los años llegó a tener un millón de sirvientes, a los que llamaban “miembros del partido”. Los nueve millones de isleños restantes decían que estaban encantados, porque el que no lo dijese se jugaba veinte años de presidio por contestón.
Como todo reino, también tenía sus quejicas. Eran personas desagradecidas, que pretendían que la isla se incorporara al rodar del mundo, que dejara de ser una jaula para los de dentro y un paraíso sexual para los de fuera. Pretendían que los ancianitos vivieran una jubilación en condiciones y los demás pudieran hacer algo. Y como los cortesanos se les echaban encima a la que abrían la boca, se les ocurrió no comer. Era una de las escasísimas libertades que no les habían prohibido. No podían pensar, no podían hablar ni escribir, pero al menos sí podían dejar de comer.
Un tal Orlando murió después de 85 días. Los ancianitos, que llevaban cincuenta años promocionando que la muerte era preferible a cualquier cosa, despreciaron la de ese hombre ofendiéndolo frívolamente al tildarlo de delincuente. Otro, un tal Fariñas, creyó que ya era hora de seguir el ejemplo de la dignidad del fallecido y también se puso en huelga, destapando que había 26 prisioneros más en la misma situación. “Opinión Propia” es un delito nefando en la isla del azúcar y el tabaco.
Unos doscientos países y unos 500 millones de personas clamaron por la vida de estas personas, clamaron por cambios en la isla inmóvil, hasta su cantante-emblema llamado Silvio clamó por una evolución. Naturalmente, los ancianitos ni contestaron ni preguntaron a sus súbditos, porque todo el mundo sabe que los reyes a la antigua no preguntan, que para eso llevan corona. Algunos quejicas empezaron a escribir en Internet, invento diabólico que los miembros rápidamente fiscalizaron. Otros se atrevieron a hacer preguntas delicadas en público, pero los cortesanos contestaron con una retahíla de batallitas mohosas que duró varias horas de monólogo.
La grabación en vídeo de esas preguntas cruzó las fronteras. A los ancianitos ya se les acababa la paciencia y gritaron por enésima vez que había una confabulación de naciones contra su isla, y repitieron que preferían el exterminio antes que el cambio. Que se mueran 10 millones de isleños antes que cambiar nada. ¡Qué obsesión por la muerte!
Los prisioneros culpables de Opinión Propia tenían en las calles la presencia luminosa de Las Damas de Blanco, esposas y madres que pedían su liberación. Fueron insultadas y metidas a la fuerza en un autobús “por su seguridad”. La Vida se empeña en no querer desaparecer y apareció otro grupo en otro país también de damas y también blancas, también pidiendo libertad.
Los ancianitos estaban enfadadísimos. Se encerraron en su búnker y llamaron a sus aliados. Y como cualquier enemigo de mis enemigos es amigo mío, aparecieron por ahí bufones de otros reinos también enfadados con el mundo y entre todos quisieron montar una confabulación contra la otra confabulación…
Los súbditos miraban estos movimientos instalados en una vida precaria, faltos de todo, humillados y negados como inteligentes por aquellos ancianitos que dejaron su corazón en la sierra hace medio siglo. Y en el pecho de todos los súbditos empezó a latir un nuevo pensamiento: esto no puede seguir así.
Y todos estamos observando qué van a hacer.
Los ancianitos, sin corazón porque estaba en la sierra, no querían oír nada que hubiera sucedido en el mundo después de sus batallitas. Quizás fueron buenos en la guerra, pero eran pésimos en la paz. Algunos habitantes habían conseguido salir del reino jugándose la vida y con mil estratagemas. Mantenían cariño por los que se habían quedado y les enviaban divisas desde fuera, porque el mundo seguía evolucionando, hecho que no llegaba a la isla de los Castro. Y los hermanos aceptaban las divisas quedándose un 20% y maldecían las manos que les daban de comer a su gente.
Naturalmente los ancianitos tenían una corte, que con los años llegó a tener un millón de sirvientes, a los que llamaban “miembros del partido”. Los nueve millones de isleños restantes decían que estaban encantados, porque el que no lo dijese se jugaba veinte años de presidio por contestón.
Como todo reino, también tenía sus quejicas. Eran personas desagradecidas, que pretendían que la isla se incorporara al rodar del mundo, que dejara de ser una jaula para los de dentro y un paraíso sexual para los de fuera. Pretendían que los ancianitos vivieran una jubilación en condiciones y los demás pudieran hacer algo. Y como los cortesanos se les echaban encima a la que abrían la boca, se les ocurrió no comer. Era una de las escasísimas libertades que no les habían prohibido. No podían pensar, no podían hablar ni escribir, pero al menos sí podían dejar de comer.
Un tal Orlando murió después de 85 días. Los ancianitos, que llevaban cincuenta años promocionando que la muerte era preferible a cualquier cosa, despreciaron la de ese hombre ofendiéndolo frívolamente al tildarlo de delincuente. Otro, un tal Fariñas, creyó que ya era hora de seguir el ejemplo de la dignidad del fallecido y también se puso en huelga, destapando que había 26 prisioneros más en la misma situación. “Opinión Propia” es un delito nefando en la isla del azúcar y el tabaco.
Unos doscientos países y unos 500 millones de personas clamaron por la vida de estas personas, clamaron por cambios en la isla inmóvil, hasta su cantante-emblema llamado Silvio clamó por una evolución. Naturalmente, los ancianitos ni contestaron ni preguntaron a sus súbditos, porque todo el mundo sabe que los reyes a la antigua no preguntan, que para eso llevan corona. Algunos quejicas empezaron a escribir en Internet, invento diabólico que los miembros rápidamente fiscalizaron. Otros se atrevieron a hacer preguntas delicadas en público, pero los cortesanos contestaron con una retahíla de batallitas mohosas que duró varias horas de monólogo.
La grabación en vídeo de esas preguntas cruzó las fronteras. A los ancianitos ya se les acababa la paciencia y gritaron por enésima vez que había una confabulación de naciones contra su isla, y repitieron que preferían el exterminio antes que el cambio. Que se mueran 10 millones de isleños antes que cambiar nada. ¡Qué obsesión por la muerte!
Los prisioneros culpables de Opinión Propia tenían en las calles la presencia luminosa de Las Damas de Blanco, esposas y madres que pedían su liberación. Fueron insultadas y metidas a la fuerza en un autobús “por su seguridad”. La Vida se empeña en no querer desaparecer y apareció otro grupo en otro país también de damas y también blancas, también pidiendo libertad.
Los ancianitos estaban enfadadísimos. Se encerraron en su búnker y llamaron a sus aliados. Y como cualquier enemigo de mis enemigos es amigo mío, aparecieron por ahí bufones de otros reinos también enfadados con el mundo y entre todos quisieron montar una confabulación contra la otra confabulación…
Los súbditos miraban estos movimientos instalados en una vida precaria, faltos de todo, humillados y negados como inteligentes por aquellos ancianitos que dejaron su corazón en la sierra hace medio siglo. Y en el pecho de todos los súbditos empezó a latir un nuevo pensamiento: esto no puede seguir así.
Y todos estamos observando qué van a hacer.
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miércoles, 17 de marzo de 2010
Mal rollo
Érase una vez un empresario llamado Gerardo que tenía una línea aérea y dejó a tres mil viajeros tirados en distintos aeropuertos. Había dejado de pagar a sus empleados, debía un crédito millonario a una caja de ahorros y le quebró una compañía de seguros. Era el jefe de todos los empresarios del país, y éstos lo mantuvieron en el sillón porque sacarlo daría mal rollo. Lo que espanta es que no es un cuento.
Somos millones los que no tenemos empresas ni trabajadores ni compañías de seguros, pero tenemos un trabajo al que acudimos cada día y debemos miles de euros en hipotecas que pagamos religiosamente. Y si hubiera un representante colectivo que hubiera estafado y robado, ninguno de nosotros querría que le representase ni un día más, y saldrían declaraciones públicas deponiéndolo inmediatamente porque nos ensuciaría a todos. Pero Gerardo no sólo estafó, sino que dijo que los que le compraban billetes eran tontos por no darse cuenta de lo que iba a pasar.
Ya estamos curtidos de empresarios impresentables, de gentuza que roba a las instituciones durante décadas (Palau de la Música), de compraventa de trajes políticos (Gürtel) y de toda clase de escoria pública de todos los colores. Pero no habíamos visto tan a la descarada la indecencia de unos empresarios que se rasgan las vestiduras asegurando que son los que crean país y con la misma jeta mantienen como representante a un estafador, nefasto directivo de empresas y burlón de la fe de sus propios clientes. ¿Qué poder tiene sobre ellos para que sea tan inamovible? ¿Qué conoce, qué oculta para que les resulte tan inatacable?
Dicen los empresarios ceoés que ahora sería mal momento para sacarlo, que parecería una claudicación, que es que como jefazo de ellos no lo ha hecho mal. La catadura moral de esos comentarios excede la capacidad de lógica. Si ahora no es el momento, ¿a qué momento esperan? Algunos empresarios se sienten muy incómodos con esta situación, pero los otros les recuerdan que los “creadores de país” son ellos, no la opinión pública, no las fuerzas políticas, ni siquiera los 46 millones de clientes de esta península. Habrá que recordarles que este personaje ha llegado a donde ha llegado porque también es parte de su obra.
El sistema económico de esta parte del mundo ha demostrado estar podrido en sus entrañas, y de ahí la crisis que pagamos entre todos, aunque no todos al mismo precio. Todas las voces intelectuales insisten en que es necesario un cambio profundo, una reestructura severa y que nos hemos de poner todos. Los sindicatos aceptan que su forma de entender el mundo laboral a veces es del siglo XIX y hay que revisarlo. Los políticos aceptan que también existen otros interlocutores válidos, no sólo los diputados. Todos ya empiezan a asumir depuraciones, cambios y consecuentemente, alguna pérdida. Todos hablan de corrupción como una enfermedad que ataca a algunas personas independientemente del color que exhiban y que han de ser apartadas inmediatamente para que no causen más daño. Todos menos los empresarios.
Los empresarios, los que piden despido libre para tener las mínimas pérdidas en caso de problema. Los que hablan de su papel social, pero no lo recuerdan al dejar a un trabajador en la calle sin más. Los que se quejan de todos los impuestos del mundo, pero los torean tanto como pueden y se aprovechan de los beneficios de esos impuestos tanto como pueden mientras que sus empleados, atados a una nómina, no tienen escapatoria. Los que se quejan de costes laborales insostenibles, pero ofrecen contratos de jornada completa por 900 euros mensuales.
No se trata de satanizar alegremente a los empresarios; muchos de ellos, muchísimos, luchan con bancos y mercados y costes financieros y con algún trabajador que debería estar en una jaula. Muchos, muchísimos, son personas dignas que generan riqueza, que forman el tejido que sostiene un país, que ejercen una labor social y que dan un medio de vida a otras personas que no han tenido su suerte o sus capacidades.
Precisamente esos, los dignos, no deberían consentir que los otros, esos que no tienen nombre, les representen, ofendan su trabajo y mantengan en primera fila al más estafador de todos. Porque no se lo merecen, porque ha ensuciado profundamente toda su credibilidad, y porque cuando se empeñan tanto en mantenerlo, hacen pensar que lo usan para tapar mayores gravedades. Y ahí llega el escalofrío.
Es necesario hacer limpieza en la propia casa para pedir limpieza a los demás, es necesario reconocer fallos para poder corregirlos. Y si Gerardo está ahí porque tapa basuras mayores, quizás sea el momento de hacer una desinfección profunda para encarar honorablemente los nuevos tiempos.
A fin de cuentas, desde hace miles de años todos sabemos que la mujer del César no sólo ha de serlo, sino parecerlo.
Somos millones los que no tenemos empresas ni trabajadores ni compañías de seguros, pero tenemos un trabajo al que acudimos cada día y debemos miles de euros en hipotecas que pagamos religiosamente. Y si hubiera un representante colectivo que hubiera estafado y robado, ninguno de nosotros querría que le representase ni un día más, y saldrían declaraciones públicas deponiéndolo inmediatamente porque nos ensuciaría a todos. Pero Gerardo no sólo estafó, sino que dijo que los que le compraban billetes eran tontos por no darse cuenta de lo que iba a pasar.
Ya estamos curtidos de empresarios impresentables, de gentuza que roba a las instituciones durante décadas (Palau de la Música), de compraventa de trajes políticos (Gürtel) y de toda clase de escoria pública de todos los colores. Pero no habíamos visto tan a la descarada la indecencia de unos empresarios que se rasgan las vestiduras asegurando que son los que crean país y con la misma jeta mantienen como representante a un estafador, nefasto directivo de empresas y burlón de la fe de sus propios clientes. ¿Qué poder tiene sobre ellos para que sea tan inamovible? ¿Qué conoce, qué oculta para que les resulte tan inatacable?
Dicen los empresarios ceoés que ahora sería mal momento para sacarlo, que parecería una claudicación, que es que como jefazo de ellos no lo ha hecho mal. La catadura moral de esos comentarios excede la capacidad de lógica. Si ahora no es el momento, ¿a qué momento esperan? Algunos empresarios se sienten muy incómodos con esta situación, pero los otros les recuerdan que los “creadores de país” son ellos, no la opinión pública, no las fuerzas políticas, ni siquiera los 46 millones de clientes de esta península. Habrá que recordarles que este personaje ha llegado a donde ha llegado porque también es parte de su obra.
El sistema económico de esta parte del mundo ha demostrado estar podrido en sus entrañas, y de ahí la crisis que pagamos entre todos, aunque no todos al mismo precio. Todas las voces intelectuales insisten en que es necesario un cambio profundo, una reestructura severa y que nos hemos de poner todos. Los sindicatos aceptan que su forma de entender el mundo laboral a veces es del siglo XIX y hay que revisarlo. Los políticos aceptan que también existen otros interlocutores válidos, no sólo los diputados. Todos ya empiezan a asumir depuraciones, cambios y consecuentemente, alguna pérdida. Todos hablan de corrupción como una enfermedad que ataca a algunas personas independientemente del color que exhiban y que han de ser apartadas inmediatamente para que no causen más daño. Todos menos los empresarios.
Los empresarios, los que piden despido libre para tener las mínimas pérdidas en caso de problema. Los que hablan de su papel social, pero no lo recuerdan al dejar a un trabajador en la calle sin más. Los que se quejan de todos los impuestos del mundo, pero los torean tanto como pueden y se aprovechan de los beneficios de esos impuestos tanto como pueden mientras que sus empleados, atados a una nómina, no tienen escapatoria. Los que se quejan de costes laborales insostenibles, pero ofrecen contratos de jornada completa por 900 euros mensuales.
No se trata de satanizar alegremente a los empresarios; muchos de ellos, muchísimos, luchan con bancos y mercados y costes financieros y con algún trabajador que debería estar en una jaula. Muchos, muchísimos, son personas dignas que generan riqueza, que forman el tejido que sostiene un país, que ejercen una labor social y que dan un medio de vida a otras personas que no han tenido su suerte o sus capacidades.
Precisamente esos, los dignos, no deberían consentir que los otros, esos que no tienen nombre, les representen, ofendan su trabajo y mantengan en primera fila al más estafador de todos. Porque no se lo merecen, porque ha ensuciado profundamente toda su credibilidad, y porque cuando se empeñan tanto en mantenerlo, hacen pensar que lo usan para tapar mayores gravedades. Y ahí llega el escalofrío.
Es necesario hacer limpieza en la propia casa para pedir limpieza a los demás, es necesario reconocer fallos para poder corregirlos. Y si Gerardo está ahí porque tapa basuras mayores, quizás sea el momento de hacer una desinfección profunda para encarar honorablemente los nuevos tiempos.
A fin de cuentas, desde hace miles de años todos sabemos que la mujer del César no sólo ha de serlo, sino parecerlo.
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